Lo mejor está por comenzar… la luna ha tocado el fondo de la corteza universal, para alzar los brazos meteóricos a las nuevas voces del mañana. La cortina de estrellas se acerca, cubriendo veloz el lento avanzar de las luces del espacio, y comienza a tocar la orquesta solar. Se alinean todos los acorazados, desde Plutón a Mercurio, entonando una melodía de felicidad y victoria. La vieja Tierra, rauda en su andar húmedo y seco a la vez, se acerca al desértico Marte para abrazarlo en señal de victoria. Así comenzó el fin de la Humanidad.
La Luna, mientras tanto, cantaba una melodía distinta, mientras lloraba de alegría por el descubrimiento de todas las verdades universales, el fin de las relatividades, de las deidades, de las dudas y de las opresiones, se comenzó a vivir en el universo una verdadera libertad, libertad otorgada por la fuerza del caos, por la tendencia sadomasoquista de la humanidad que buscó su destrucción de la manera más cruel y despiadada, pero, que finalmente, quien decidió su destrucción fue el universo, con toda su inmensidad y toda su eternidad. El caos también implica un orden.
Gritaban los incautos desde las cárceles, manicomios y hospitales. Gritaban desesperados un canto de paz, un canto de amor, un canto de cariño por todo lo que habían deseado ser, por todo lo que estaba perdido, y por todo lo que el universo en un acto de generosidad les estaba entregando. Todo el universo era de ellos y era eso lo que por una fracción de segundos, al menos, estaban a punto de ganar. La humanidad desde su cárcel mental, desde el manicomio y desde el hospital sería libre para al fin darse cuenta que la mente humana no es una limitante, sino todo lo contrario, es el único camino que existe hacia el “ser libre” la auténtica libertad, la libertad del caos.
Así el sol nuevamente floreció una mañana de abril, y las flores marchitas florecieron también. Los humanos salieron de sus refugios a cantar alabanzas a la Nueva Era. Todo lo que antes representaba civilización ahora estaba destruido, y a pesar de que la destrucción también dejó muchos caídos, otros tantos se lograron levantar, y construir nuevamente una nueva Humanidad, una Humanidad de hombres y mujeres nuevas, que serán capaces de conquistar el espacio, libres de dogmas y sacrificios. Será la nueva raza Ultrapensante la que poblará todos los vastos y recónditos rincones del Universo. Porque el Universo es mental, y aunque esto suene imposible, recordaos de que a lo imposible nadie está obligado, y lo que es imposible hoy será infinito mañana.
Adiós a los límites, bienvenida libertad mental.
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