jueves, 14 de octubre de 2010

La luz y las "inconsecuencias" que nos plantea cada cambio de estación.

¿Por qué la primavera nos roba las sombras?, ¿Por qué la semejanza divina del hombre se entristece ante la llegada del sol y el florecimiento de las flores?, ¿Por qué la vida se llena de desconsuelo con la llegada de la luz?, ¿Es que acaso la naturaleza humana es esencialmente mala? Cada día discrepo con “las inconsecuencias que nos plantea cada cambio de estación”, lo voluble que somos como seres vivientes contrasta con nuestra soberbia, nuestra sobrevaloración del raciocinio, nuestro afán por tratar de hacernos los duros y los fuertes, pero que ante la mínima amenaza somos capaces de flaquear, como por ejemplo, el primer haz de luz de la mañana frente a nuestros ojos cuando abrimos la cortina después de una oscura noche. O la misma llegada de la primavera. Los humanos estamos muy lejos de la luz, cada día nos alejamos más, y no hablo de un concepto divino de luz, sino de lo que las cosas son simplemente, de que la mayor parte de nuestras inspiraciones provienen no de los sentimientos más oscuros, sino de los más claros. ¿Por qué será que el hombre vincula a la luz y a la claridad sus sentimientos y deseos más bellos? No por nada, creo yo.

Los efectos que produce la luz en nosotros son significativos, alteran nuestros estados de ánimo y provocan que miremos la vida desde otra perspectiva. Por eso la primavera se vincula a la llegada del amor, pero también de las depresiones, ya que la naturaleza humana, quizás más mala de lo que creemos, choca con los colores claros y puros, descolocando al ser humano, sacándolo de su monotonía, haciéndolo cuestionarse aún más diversos aspectos sobre su entorno y su rol dentro de la humanidad y del universo en si.

De hecho, entrando en un plano más científico, diversos estudios avalan el hecho de que la luz tiene efectos directos sobre gran parte de los procesos fisiológicos del organismo, y por supuesto, de nuestro estado de ánimo. Hay algunos estudios que incluso afirman que estos últimos dependen, al menos en parte, de la luz solar y de otros factores bioquímicos asociados. Además de esto, no sólo importa la cantidad de luz, sino a qué clase de luz estamos expuestos, de aquí viene que la mejor clase de luz a la que podemos estar expuestos es a la luz solar, a pesar de que actualmente esta trae severos daños a nuestra piel, en especial por su exposición prolongada.

Incluso, tanto afecta el tipo de luz al que estamos expuestos que, si estamos mucho rato trabajando con una luz fluorescente o que no ilumine lo suficiente, es obvio que nos va a producir cansancio por su deficiente e insuficiente espectro lumínico. Además de este cansancio, es muy probable que quienes estamos acostumbrados a trabajar con luminosidad precaria estemos más propensos a que nuestro cuerpo no absorba óptimamente algunos nutrientes, y podamos estar propensos a muchas enfermedades físicas y mentales como son el estrés, la depresión, problemas dermatológicos, pérdida del cabello, e incluso cáncer. Es más, los Institutos de Salud de Estados Unidos relacionan este tipo de luces con la pérdida de fuerza y tono muscular.

Ahora, la exposición por tiempo completo a una buena luz o a la luz solar, incluso puede usarse para tratar la depresión invernal. Suena irónico, ya que en la primavera, donde las luces y las tonalidades se acentúan, la cantidad de suicidios y depresiones aumentan -según dicen-. Eso sí, hablando ahora de la luz solar enfocado al tema del cerebro humano -y a propósito de la ausencia de esta en invierno- es muy importante a la hora de estudiar.

Me explico: La ausencia de luz solar influye de forma negativa no sólo en el estado de ánimo de la persona, sino que también en sus capacidades cognoscitivas y de manejo de la información. Esto es porque con la recepción de la luz o de la oscuridad el cerebro envía señales a todo el organismo, las que son órdenes para liberar algunas hormonas que regulan el sueño, el apetito, la temperatura corporal, entre otras. Una hormona en especial, la melatonina, es la que trabaja con los hábitos estacionales, generando el sueño, hambre o bajando la temperatura corporal, como señalé antes. Pero al haber en las estaciones del otoño e invierno menos luz solar, esta hormona se genera mucho más de lo normal, reduciendo los niveles de otra hormona que es la encargada de los estados de ánimo, de nombre serotonina. Así se produce un tipo de depresión endógena llamado Trastorno Afectivo Estacional, que se produce en algunas estaciones del año.

Pero ¿Y qué es lo que pasa en primavera? Ya que todo apunta, al menos científicamente y hasta lo actualmente expuesto, de que la falta de luz es la que genera depresiones. Casi estoy desmitificando -e incluso contradiciendo- lo señalado al principio de este texto. Aún así, responderé esta pregunta, en un afán caprichoso de, incluso, demostrar la maldad del hombre actual por su rechazo a la luz, entre otros “absurdos” -en realidad quiero demostrar que la depresión por exceso de luz también existe, y que todo va más allá de un asunto “estacional” jeje-.

Se sostiene, por diversos científicos, psiquiatras y entendidos en la materia, que la Depresión Primaveral no existe, que es una confusión entre las situaciones de adaptación que sufre cualquier persona con los trastornos del estado de ánimo, que si son depresiones. Es decir, nos cuesta adaptarnos a la luz después de tanta oscuridad. Y es que, los mismos entendidos sostienen, que en el caso de la Depresión Primaveral NO ES LA PRIMAVERA el problema, sino que LA LUZ… ¡SI, LA LUZ!

Los expertos han concluido que los cambios de la luz e incluso de la hora -que indirectamente también afecta la luz- producen efectos físicos en el ser humano, afectando nuestra adaptación a la nueva estación. Es más, en los países escandinavos, donde hay menos horas de sol, los índices de depresión aumentan, esto es, porque hay una mayor variación de las horas de sol en comparación a los países mediterráneos y ecuatoriales.

Incluso, según el diario “El Sur”, en una noticia publicada el 29 de septiembre de 2010, se afirma abiertamente que la primavera si influye en los cuadros depresivos, pero no por ser primavera, sino por el aumento de la luz del sol, es este el factor determinante -destaco esto de la luz, ya que viene a reafirmar mi tesis-. De hecho, con respecto a mi afirmación en el texto anterior que diversos expertos concluyen que el problema es la adaptación a la nueva estación, en esta misma noticia se entrevista al Psiquiatra Benjamín Vicente Parada, quien afirma que entre las varias hipótesis de las depresiones primaverales la primera es que al estar sometido varios meses al invierno, la llegada de la primavera nos provoca una descompensación, pero que NO ES QUE SE DEN MÁS CASOS en esta época, sino que se nota más. Es decir, se desmitifica que la depresión primaveral y la estación vayan de la mano. NO ASÍ los efectos positivos y negativos de la luz en el organismo, cosa que el mismo psiquiatra reafirma en otra hipótesis, la que califica como la más válida.

Con respecto a los suicidios, en esta misma noticia, el psicólogo Gustavo Espinoza Valenzuela, señala que es por una pseudo valentía que les da valor a las personas de atentar contra su vida. De esto desprendo que no es porque la estación produzca depresión precisamente, sino que todo lo contrario, nos vuelve más activos y atrevidos, nos desinhibimos más.

Otro tema muy interesante es el de las luces que abundan en las grandes ciudades. Las luces artificiales afectan mucho a las personas que habitan en ellas, especialmente, al sentirse gracias a ellas acogidos por la ciudad, embargadas por un sentimiento de arraigo y pertenencia a la urbe y a estimar el espacio que los rodea. Esto de desprende de un estudio de la arquitecta Berenice Calvillo. De esta manera, las luces intensas incitan a sentimientos como la diversión o la fascinación, y las de baja intensidad se vinculan al miedo, a la incertidumbre, pero también a sentimientos de cariño.

En este mismo estudio, la arquitecta concluye que las luces color ámbar producen mayor sensación de inseguridad que las luces blancas, esto es porque la vista es el principal sentido de orientación que tenemos y la información del espacio es mejor percibida con luces blancas. Pero más allá de las luces, lo que produce mayor inseguridad es la mala distribución lumínica y la intensidad. Si la luz es insuficiente, la desesperación y desorientación dentro de la ciudad será mayor.

Finalmente, afirma, que Barcelona es una de las ciudades que más cuida sus luces, además de ciudades como Madrid, Paris, Lyon, Berlín o Chicago.

Concluyo que el ser humano más que un ser malo por naturaleza es un ser miedoso y temeroso, dependiente de la luz mucho más allá de lo que nosotros comúnmente creemos. La luz es algo fundamental en nuestra vida tanto como el agua o el aire. Sin luz no nos podemos orientar, sin luz nuestro ánimo, nuestra mente, nuestro espíritu, e incluso nuestro físico se deterioran. Por nuestra propia salud física, mental y espiritual debemos cuidar la luz.

También destaco el hecho de que el hombre va en una búsqueda inherente de la luz, sin darse cuenta necesita de ella, teniéndola siempre en su camino. Así es como tanto la ausencia como la sobrecarga de luz afectan negativamente nuestro organismo, más allá de un tema estacional, es la luz la que nos hace daño cuando nos falta o nos “sobra”. Es importante equilibrar, en la medida de lo posible, el contacto que tengamos con la luz. Si nos sentimos decaídos, tomarlo con calma, tranquilizarnos y entender que la luz como factor climático y visual también nos afecta. Debemos hacernos amigos de la luz, respetarla y agradecer su existencia, ya que viene a iluminar -literalmente y en su sentido natural y obvio- todas las instancias de nuestra vida. Por eso la luz nos enamora, nos gusta, pero tal como el amor, también nos encandila. Por eso: A cuidar la luz.

Para cerrar, estudie y lea con buena luz, su ausencia igual nos hace daño a la vista, recuerde que no somos gatos. Y también a pesar de que el sol es la mejor luz a la que podemos estar expuestos, no se arriesgue ni se ponga mucho rato al sol, y use un buen bloqueador.

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