jueves, 28 de octubre de 2010

La música y su significado oculto

La música, desde sus inicios, siempre ha presentado una conexión muy cercana con el lado más místico e irracional del ser humano, por ello es que en sus inicios tiene un trasfondo ritual, además de que incluso hoy día es un elemento muy importante en cada uno de los cultos y creencias de los pueblos del orbe. Incluso, tal es la importancia de la música en nuestras vidas, que se utiliza actualmente para amplificar por diferentes lugares del mundo ideologías políticas, problemas sociales, o simplemente un fin comercial, llevando estilos, vanguardias y modas a diferentes lugares del planeta.

Como decía, la música siempre ha tenido una importancia fundamental en la historia del hombre. Ella ha acompañado a este en los momentos más trascendentales de su existencia, tanto los más gloriosos como los más decadentes. LA música, por eso, da para mucho, tanto para reflejar amor, odio, tristeza, alegría, victorias, justicia, impotencia, prudencia, tranquilidad, entre otros sentimientos. También para cada época y estadio de la historia de la humanidad hay una música representativa, asimismo, todos los pueblos del mundo tienen una expresión musical típica, como también sus propios himnos que exaltan a un país.

La música no sólo ha sido representante de un devenir histórico determinado, sino también por ella se han formado revoluciones varias, como por ejemplo el “rock and roll”, el hipismo, el movimiento punk, entre otros, que causaron un remezón cultural en su época, vanguardias que en el siglo XX hemos podido observar muy bien.

Esto nos demuestra de que hay un nexo íntimo entre la música y el ser humano, que va más allá de un plano físico que representa el canto, el baile y la instrumentalización, más allá de un plano racional , representado por la teoría musical, en la ejecución de los instrumentos y bailes y en la construcción y evolución de la música a lo largo de los años, e incluso más allá de un plano sentimental y espiritual, que va reflejado en sus expresiones rituales, en como la música puede jugar con nuestros sentimientos -como expresión artística que es-, en el fanatismo por cantantes y grupos, en su ejecución ceremonial, etc. Se trata de un plano cercano a los sentimientos, pero que engloba a los tres planos a la vez, con la diferencia de que se trata de un actuar casi instintivo el que nos conecta con la música, es algo que tiene un trasfondo muy fuerte, de la cual surgen leyendas, mitos y expresiones músico-rituales presentes hasta el día de hoy. De aquí surge mi pregunta: ¿Hay una relación entre la música y el ocultismo?

Para comenzar a respondernos esta pregunta, es preciso considerar el significado etimológico de música y de ocultismo, con una breve explicación de cada uno. Luego veremos como se va dando la presencia de “lo oculto” dentro de la música a través de la historia, obviamente acompañada de historias propias del contexto social e histórico en que se basan esos momentos en que se ha conectado a la música con “lo oculto” -por eso mismo, muchas de estas conexiones provienen de la Iglesia Católica, quien, por un lado influyó enormemente en el desarrollo de la música durante el Medioevo, pero que también generó historias que hoy día rayarían en lo absurdo a los ojos de muchos-.

Analizaremos, a continuación, este nexo. En primer lugar, para estos efectos, definiremos el ocultismo -como concepto accesorio, pero no menos importante al que estamos analizando- como “El estudio de las doctrinas ocultas de las diversas religiones y filosofías, haciendo hincapié en los fenómenos paranormales y los poderes ocultos del ser humano” o como “Conjunto de conocimientos y prácticas rituales con las que se pretende penetrar y dominar fuerzas poco conocidas de la naturaleza”. Sobre esta base desarrollaré el ensayo.

Con respecto a la palabra música, esta deriva del latín “mousike” que por ese entonces representaba a todas las artes en general. Encuentra su nombre en las musas, las 9 hijas del dios Zeus con Mnemósyne, una de las titánidas. Esta palabra, por esta razón, abarcaba en un sentido amplio a todo lo relacionado con la educación del espíritu que complementaba a la educación física o “gymnastike”.

El concepto restringido, que ha llegado a nosotros, no es sino sólo la educación referida a un arte sonoro. Aristóteles sostenía que si bien todos podemos comprender lo que significa música, el definirla es algo extremadamente difícil. Así es como podemos encontrar definiciones de ella como “el arte que se ocupa del material sonoro y de su distribución en el tiempo”, o bien “Arte de expresar determinados sentimientos de un modo agradable al oído" como sostenía Rousseau, “ciencia de medir bien”, según San Agustín, o bien "un total de fuerzas dispersas expresadas en un proceso sonoro que incluye: el instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor", según el compositor Claude Debussy. Generalmente, los manuales de música prefieren definirla como “El arte de combinar bien los sonidos con el tiempo”.

Luego, es importante precisar que la música se compone de dos elementos básicos: el sonido y los silencios, los que se organizan en base a la melodía, la armonía, la métrica y el ritmo. En cuanto a su historia, se conservan testimonios de su existencia desde civilizaciones tan antiguas como Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, de las cuales tenemos instrumentos y escritos, no así testimonios prácticos. La música iba unida a la práctica religiosa de estas civilizaciones. La profanidad dentro de la música es más tardía manifestando su nacimiento en Grecia, y en civilizaciones orientales como la china o la hindú.

En las civilizaciones antiguas que vinculaban la música a la religión destaca el hecho de que le dotaban un origen divino, creyendo incluso que ésta los pondría en contacto con los dioses. También aseguraban que la música tenía facultades curativas. Así es como, por ejemplo, los mesopotámicos vinculaban a la música con los ciclos de la naturaleza, plasmando esto en el tipo de escalas que emplean. Este pueblo y los griegos utilizaban un sistema de cinco escalas y siete sonidos. Luego la influencia musical de estas civilizaciones se perdió con el tiempo, limitándose sólo a la teoría. Con la llegada del cristianismo fue la influencia de esta religión la que si marcó la evolución musical en el tiempo, a través de los cantos que se iniciaron con los primeros tiempos de esta religión, influidos por los cantos judíos y la música de los pueblos de cultura griega cercanos a Oriente Medio. Así se fue dando forma, dentro de las clandestinas comunidades cristianas primitivas a cantos vocales -porque los instrumentos eran prohibidos en los templos-. Una vez que se aceptó y oficializó el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, el canto litúrgico se expandió por Europa, mezclándose con las tradiciones musicales de los diferentes pueblos de aquel entonces. Cuando Roma se dividió, también ocurrió lo mismo con el canto litúrgico, naciendo el rito romano occidental (dando paso en la Edad Media al canto gregoriano) y el rito ortodoxo oriental.

En la Edad Media se configura el canto gregoriano dentro de las iglesias, naciendo así las primeras formas de polifonía. Hacia el siglo XI y XII aparecen los trovadores en Alemania y Francia, quienes componen sus propias letras y melodías. Asimismo, en la Edad Media, por la importancia que adquirió el cristianismo, se comenzó a demonizar y a ocultar todo lo que implicara algún vínculo con conocimientos que escapan a los permitidos por la Iglesia, en especial si se tratase de religiones no cristianas o de avances científicos, historia que tristemente muchos sabemos cómo se fue desarrollando por mil años. Así fue como la figura del “Diablo” adquirió importancia también en la música… y desde aquí en adelante dejaremos la evolución histórica de lado para centrarnos libremente en el tema principal.

Remontémonos al siglo X. En ese entonces la notación musical se basaba en ciertos signos algo ambiguos que se llamaban Neumas. Estos símbolos no indicaban una relación tonal absoluta. En el siglo XI los copistas añaden una línea horizontal que indicaba la nota principal o tónica de la melodía. Pero no fue hasta el año 1025 cuando el monje benedictino Guido D’Arezzo tomó el himno latino a San Juan Bautista y lo convirtió en un acróstico silábico: UT (queant laxis, actualmente DO, como veremos más adelante), RE (…sonare fibris), MI (…ra gestorum), FA (…muli tuorum), SOL (…ve polluti), LA (…bii reatum). Esto en castellano significa “Para que tus siervos puedan exaltar a plenos pulmones las maravillas de tus milagros perdona la falta de labios impuros”. Se asigna así a casa nota la primera sílaba de cada verso y se ubica las notas dentro de un patrón de cuatro líneas (el tetragrama).

Pero, si nos damos cuenta, faltan cosas fundamentales a la forma moderna de escribir la música (y que ya los mesopotámicos y los griegos habían previsto en su sistema de cinco escalas y siete sonidos). Me refiero a que falta una nota y una línea menos en el plano de escritura.

Resulta, que el SI, que es la nota que falta, se consideraba la “nota del diablo”, por lo que se trataba de evitar. Esta nota, que era el séptimo grado de la escala -la sensible- se trataba de evitar dado a que su uso en la música incitaba a la formación del Trítono, que es un intervalo musical que abarca tres tonos enteros -muy utilizado en el heavy metal-, ocurriendo naturalmente en la escala mayor en el intervalo formado entre el cuarto y el séptimo grado de la escala-FA y SI en la tonalidad de DO mayor-, como así en la escala natural menor entre los grados segundo y sexto, entre otras escalas. El Trítono en el Medioevo era denominado “diabulus in musica” o “el diablo en la música”, esto dado a su dificultosa entonación y su siniestro sonido.

Según la Iglesia, era el Diablo quien se colaba en la música en este intervalo por eso se prescindía del uso de la nota SI, o el séptimo grado de la escala, para no formar la “cuarta aumentada”. En las escalas griegas, en que la escala comenzaba en LA, no ocurría este problema. El problema surgió cuando Guido D’Arezzo redistribuyó la escala y partió en DO, por lo que la nota SI se presentaba en una posición muy tentadora.

Para superar este problema, en el siglo XVI se realizan tres innovaciones importantes, entre las que destacan el desestimar la amenaza de Satán para agregar y nombrar la séptima nota en la escala -parece chiste-, para facilitar el solfeo, se reemplaza la nota UT por la más cantable DO -tomada de la palabra “Dominus” señor en castellano, otros dicen que Giovan Battista Doni reemplaza la nota por la primera sílaba de su apellido en el año 1600-, y finalmente, la añadidura de una quinta línea al plano de escritura musical, pasando del tetragrama al pentagrama actual.

Lo recientemente señalado demuestra cómo el oscurantismo medieval fue capaz de someter hasta los mismos principios lógicos de la música, pero también demuestra que la presencia de “lo oculto” está presente y arraigada en la música de una manera que se vuelve, desde este momento histórico, menos difuso y más tangible. Dejaremos de lado la historia para ir al tema de fondo.

De esta manera, a modo de ejemplo y de comparación de lo anteriormente expuesto, en oriente, los filósofos aplicaban los principios de la música a los principios de la astronomía, la física y la ética. Concluyeron que en todo el mundo había proporciones armónicas que también correspondían a las musicales, proporciones que también se replicaban en el ser humano.

Volviendo a la Grecia Antigua, cabe agregar que los 7 planetas conocidos en ese entonces y el cielo estrellado tenían mucha afinidad con los ocho modos musicales griegos. O la medicina musical, que también se basaba en esas armonías.

Tan curioso es esto, que en el plano arquitectónico Vitrubio, quien para muchos es el padre de la arquitectura, en sus obras establece las secretas relaciones entre los tres principales órdenes arquitectónicos (Dórico, Corintio y Jónico) con los modos musicales Dorio, Frigio y Lidio por las analogías entre sus estilos y aplicaciones. Incluso se concluye que estos estilos arquitectónicos son hijos de los musicales ya mencionados. Así resulta que la arquitectura es a los ojos lo que la música es al oído, en cuanto a que resulte agradable y armonioso a los sentidos y utilizando las mismas leyes de la tonalidad.

Es importante señalar que la música hace aparecer al hombre como creador, pero más que esto, para los ocultistas, es un intérprete, ya que no crea, sólo transforma y ejecuta, porque es la música la que nos revela las propiedades ocultas de la naturaleza y el universo, y el hombre adquiere este conocimiento también por medio de ella –pensemos, por ejemplo, en “Las cuatro estaciones” de Vivaldi-. Por esto podemos sostener que la música está íntimamente relacionada con la naturaleza, al punto de reflejarnos por medio de las melodías sus secretos más ocultos –o poniendo un ejemplo aterrizado, todo sonido de nuestro entorno tiene una notación determinada-.

Esto demuestra que la música es una expresión artística muy libre, que está en todos los lugares, y por eso un buen ejecutor musical puede hacer música utilizando cualquier instrumento, es cosa de darle coherencia y sentido en la interpretación. La música, por eso, se basa en las leyes absolutas e inmutables de la naturaleza, leyes que a su vez los seres humanos, para guiarnos y poder complementarnos mejor con la naturaleza, utilizamos los números.

Así llegamos a las coincidencias del número 7 –mi número favorito por cierto, y por algo será y estas coincidencias son una de tantas en lo que respecta a números, por cierto, pero por motivos prácticos y de gustos tomo el 7-, este número, para Pitágoras, procede del griego “setos”, venerar, y siete significa “voz” porque 7 son las notas de la voz y de los instrumentos. Por otro lado, siete son las inflexiones de la voz; siete cuerdas tiene la lira, en base a los antiguos planetas; siete tubos tenía la flauta de Pan; siete son los días de la semana, basados en la misma cantidad de planetas y de modos musicales griegos; siete son los días de las fases lunares; siete son los símbolos de cada religión; siete brazos tenía el candelabro de oro del tabernáculo de Moisés; siete son los pecados mortales; incluso, siete son los sonidos que se obtienen de un cordero muerto, según dicen -2 trompetas de sonido distinto con los cuernos. 2 flautas con los huesos largos. 1 tambor con la piel. 1 cuerda de lira con el intestino largo y 1 cuerda de arpa, con el intestino corto-.

También se sostiene que el ser humano es un ser musical por naturaleza por tres razones. La primera es el sentido del ritmo o medida del tiempo, de origen muscular –pensemos en el corazón si no me cree-, por el cual todos los movimientos de las vísceras y miembros del cuerpo llevan un compás del cual no pueden librarse sin que eso les genere enfermedades o muerte. En segundo lugar la voz combinada con el oído, que oye, habla, canta y repite lo que escucha. Y en tercer lugar el sentido de la armonía, que es en el orden emocional lo que es la lógica en un plano intelectual. Por medio de este sentido el hombre busca un desarrollo metódico en su actuar. Por la tendencia del ser humano a la lógica y a la armonía es que el hombre inclina su actuar hacia la simetría, al orden y la organización.

Si a todo esto le sumamos el trasfondo místico de varias obras musicales de autores como Mozart, Beethoven, Wagner, Paganini o Lizst, entre otros, o actualmente lo que ocurre con muchas bandas musicales, que, desde 1960, guardan un trasfondo ocultista, por ejemplo todo lo que generó el fenómeno hippie y la psicodelia. Destacan en esto bandas como Led Zeppelin, Pink Floyd, The Beatles, Black Sabbath, entre otras bandas –nombro las más trascendentales en la materia mencionada- que destacan por el uso de estas temáticas en sus letras y composiciones. Destaco la admiración que sentían los miembros de Black Sabbath por el reconocido ocultista Alleister Crowley, al que incluso le compusieron una canción, y quienes en sus canciones utilizaban el trítono.

Finalmente, hoy día, por la evolución musical de las bandas de rock y de metal en general, y la vuelta a las raíces de los pueblos originarios y sus respectivas culturas, del seno de muchas bandas ha nacido el neofolk, que toma elementos de la música tradicional, mezclándola con elementos industriales, así como también mezclando el paganismo, el ocultismo y el romanticismo en sus temáticas. A diferencia del folk, el neofolk no se mueve necesariamente por principios sociopolíticos, sino que se erige sobre las bases de símbolos arcaicos, mitos, creencias populares, tradiciones locales, temas históricos y esotéricos, e incluso tributando a personajes polémicos como Nietzsche o el ya citado Alleister Crowley, por lo que son muy cercanos al neopaganismo.

Por estas razones, podemos ver, que la música tiene un significado mágico, ritual y oculto. La magia, por cierto, para mi no consiste en preparar conjuntos ni tirar rayos con varitas, sino que es una forma paralela y válida de entender la realidad y la naturaleza, que influye en nuestro entorno y en nosotros mismos, por lo que es muy importante que la sepamos ocupar para hacer el bien. Nos ayuda a ver el mundo desde otro punto de vista, y también a acercarnos a la naturaleza y a nuestro entorno, comprendiendo, que al fin y al cabo, todos los seres y objetos del universo conformamos una universalidad, un “todo” único e irrepetible, por lo que hay que vivir en armonía con eso. Eso es magia, es el aprendizaje que día a día tenemos para comprender la vida misma y la forma de poner en práctica lo aprendido, nada más. Por eso la música es magia, porque nos ayuda a comprender la naturaleza, a mirar nuestro entorno desde otro punto de vista, y a poner ese punto de vista en práctica a través de la ejecución musical.

Por eso, como dijo Nietzsche, sin música, la vida sería un error.

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